El Padre siempre nos perdona en la confesión
Published Feb 28, 2008Comentando en la parábola del hijo pródigo, el P. Carroll Stuhlmueller escribió: “La más difícil de reconciliaciones es siempre entre parientes quienes han sido separados por dinero, escándalo o vida disipada. Las guerras civiles son siempre las más sangrientas y dejan las más hondas cicatrices.”
Cuando la televisión pública transmitió la famosa serie de Ken Burns sobre la Guerra Civil, recordamos que nuestro propio pasado americano fue manchado por ese dolor no hace mucho tiempo. Las heridas fueron hondas y duraderas. Y la mayoría de nosotros podemos rápidamente revisar nuestro propio historial de la familia y descubrir molestas heridas que no han sanado.
La cabeza de la familia – mamá, papá, matriarca, patriarca – es casi siempre el que siente más agudo el dolor de la división de la familia; pero todos los miembros de la familia, aunque no estén directamente envueltos en el conflicto, son afectados por él en alguna manera. No queremos tocar algunos temas, nos sentimos mal en la presencia de algunas personas, tratamos de encontrar maneras de evadir situaciones embarazosas.
La parábola de Jesús nos gusta porque los conflictos familiares son ambos conocidos y siempre deseados de que se curen. En diferentes tiempos en nuestras vidas, hemos probablemente actuado todas las partes de la parábola. Quizá fuimos alguna vez el hijo pródigo quien se enojaba y quejaba y que derrochó los recursos de la familia; o también fuimos el hijo fiel quien se molestó por el trato indulgente que recibió el hijo descarriado; o fuimos el padre o madre compasiva quien no le importó lo que pasó o lo que costó, pero simplemente se regocijó que éramos una familia entera nuevamente.
De la manera que lo dijo Jesús, el personaje central de la parábola en efecto fue el padre clemente – “pródigo” él mismo porque él está derrochando y es extravagante con el perdón. Dios quiere a los fieles y a los descarriados, y Él nunca desampara a los que se van de Él. Aunque el hijo pródigo está derrochando su herencia en cosas malas, su Padre está esperando su regreso; después de todo, Él sabe lo que está perdiendo su hijo al estar separado de su familia. Cuando el hijo mayor protesta que la misericordia del Padre no es merecida y es injusta, el Padre responde con una bella palabra de amor que abraza a los dos:
“Hijo, tú estás siempre conmigo y todo lo mío es tuyo. Pero había que hacer fiesta y alegrarse, puesto que tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado.” (Lucas 15: 31-32)
San Pablo escribió que “Dios en Cristo estaba reconciliando el mundo con Él; yo no tomaba en cuenta los pecados de los hombres, sino que a nosotros nos entregaba el mensaje de la reconciliación. (2Corintios 5:19). Todavía muchas veces somos los hijos pródigos quienes desperdiciamos nuestros momentos en cosas malas – pero Dios siempre será el Padre pródigo listo para colmarnos de su misericordia. Él sabe que el pecado lastima y nos divide, y Él quiere que sanemos y seamos libres.
El sacramento de la penitencia es disponible todo el año, pero durante la Cuaresma enfatiza su lugar crucial en la vida de la Iglesia. ¡Dios todavía está reconciliando al mundo hacia Él por Cristo! Él conoce bien nuestros corazones divididos y familias divididas; Él conoce nuestra necesidad y anhelo por el perdón; Él sabe que sufrimos cuando hemos pecados.
¿Qué no todos los padres han querido abrazar a sus hijos cuando han llegado a la dolorosa realización que sus hijos han pecado – o han querido abrazarlos aún antes de llegar a esa realización, esperando que el abrazo mismo hiciera un efecto? ¿Y no han querido abrazarlos aún más cuando se quieren ir?
Dios nos ve cuando nos andamos de puntillas alrededor de Él y alrededor de otros – a los que hemos lastimado y los que nos han lastimado. Él nos ha visto perdernos en el pecado. Él nos ha visto causar división, y cómo nos han lastimado por la guerra de otros.
Él nos ha mirado caer incuestionablemente con los modos de ser del mundo. Él sabe que esas maneras nunca nos satisfacerán, pero sus maneras sí. Él sabe que su misericordia nos traerá paz y sanará nuestras vidas quebrantadas, y por eso ofrece el sacramento de Penitencia como modo de regresar al abrazo amoroso.
Ofrecemos muchas razones para no ir a la confesión: Hace mucho tiempo, no sabría como empezar. ¿Para qué pedir perdón si pienso que podría pecar otra vez por un hábito difícil de quebrar? ¿Para qué confesar a un sacerdote? Prefiero confesar mis pecados privadamente a Dios. No sé qué es pecado ahora. Me da pena de decirle a alguien lo que he hecho, y me da miedo que Dios no me perdone. El horario de las confesiones nos es conveniente para mí.
Escuchando nuestros titubeos y excusas, nuestro Padre Celestial todavía nos aguarda. Él está ansioso de perdonarnos porque Él sabe lo que perdemos cuando estamos alejados – y Él sabe que posiblemente hemos olvidado lo que se siente ser perdonado y liberado.
¿Ha pasado mucho tiempo desde que se confesó? Su Padre pródigo está esperando para derramar su misericordia sobre usted a través de su Hijo.
