La cruz de Jesús lleva el gran mensaje
Published Apr 3, 2008Hace cuatro años atrás, tuve el privilegio de estar en un púlpito de piedra que fue hecho al comienzo del siglo XVI. Una inscripción en español que data del 1520 dice: “Aquí tuvo principio el Santo Evangelio de este nuevo mundo.” Fue una oportunidad para reflexionar en los miles de gentes que han oído el Evangelio que se ha predicado desde este púlpito en los últimos 500 años.
Algunos metros más allá, se encontraba una fuente bautismal, que según la tradición fue tallada de una piedra que antes había sido usada para sacrificios humanos. Fue allí, donde hace 500 años, se bautizaron cuatro caciques nativos en la nueva religión, el cristianismo.
El púlpito y la fuente bautismal se encuentran en la catedral de Tlaxcala, una pequeña ciudad a 70 millas al este de la Ciudad de México. Tlaxcala era parte de la primera diócesis establecida en México, y su catedral, con un techo hermoso de cedro tallado al estilo morisco, mantiene una especial prominencia en la historia de la iglesia. Es fascinante reconocer que el Evangelio que se predicó hace 500 años desde el púlpito de esa catedral, aún sigue predicándose, de generación a generación.
En 1520, los europeos no consideraban aun en sus mapas al territorio más allá del Atlántico, el “nuevo mundo,” y México era “la nueva España.” Los misioneros acompañaban a los primeros exploradores llevando la Palabra de Dios y los sacramentos de la Iglesia, porque ellos sabían, que era Cristo, quien verdaderamente haría todas las cosas y a toda la gente “nueva.” El púlpito en Tlaxcala es importante porque representa el espíritu pionero del misionero, pero más aún, porque representa el poder de la Palabra de Dios.
Durante la Semana Santa, los católicos recordamos la cruz de Jesús – su sufrimiento, su valor, su sacrificio, su generosidad, su compasión, su misericordia, su inocencia, su muerte, su “nuevo mandamiento” - su amor. No es que fuera simplemente un buen hombre o aún un hombre extraordinariamente grande, digno de la imitación. Él fue y es el Hijo de Dios enviado por el Padre, para nuestra salvación. Él es la Palabra de Dios, dicha con el aliento del Espíritu Santo. Él es el inocente, quien tomó los pecados del culpable, porque no estaba en nosotros poder perdonarnos o salvarnos. Él es el principio de la nueva creación, Él es el comienzo de la nueva creación, en el que todo y todos empiezan nuevamente, otra vez, de nuevo.
San Agustín una vez dijo: “la cruz no sólo fue el instrumento del sufrimiento, sino también el púlpito de las enseñanzas de Cristo.” En la cruz, Jesús solo dijo algunas palabras, pero el mensaje que Él proclamó allí, completó y dio claridad a todo lo que Él había dicho y hecho hasta ese momento. Despojado de todo y dolorosamente paralizado por los clavos de la cruz, Él no podía predicar y ministrar como había sido su costumbre. Pero lo que Él proclamó desde la cruz, fueron Buenas Noticias para nuestra salvación: “Confía en mi Padre. Dale todo. Él destruirá el poder de la muerte en ti.”
El Cardenal Miloslav Vlk de Praga, República Checa, alguna vez habló sobre los años durante los cuales se le prohibió el ejercicio de su ministerio sacerdotal bajo el régimen comunista, forzado a realizar un trabajo como obrero, y donde no se le permitía unirse a otros sacerdotes en público. Él estaba confundido, destrozado, sólo y lleno de dudas. Reuniéndose en secreto con un grupo de hermanos sacerdotes cada semana, él empezó a descubrir que lo que parecía una desesperada dificultad, realmente le dio la profundidad del sacerdocio.
El escribió: “Fue una inmensa alegría descubrir que Jesús llegó a la cima de su sacerdocio cuando, clavado en la cruz, sin poder caminar, hacer milagros, sin enseñar; pero –abandonado- sufrió en silencio. Sin embargo, es en esta forma que Él nos ha salvado. Comprendí y encontré en Él mi más profunda identidad, con la cual me lleno de alegría y paz.”
Mientras que los primeros cristianos reflexionaban sobre la cruz, descubrieron que las promesas de los tiempos se vienen a realizar en Jesús el Cristo: Esperanza para el pobre, curación para los enfermos, perdón para el pecador, libertad para el esclavo, paz entre los pueblos, reconciliación con Dios.
Su mensaje habló elocuentemente, porque fue el mensaje del abandonado humilde, de darse así mismo al Padre. En Jesús, vemos claramente el poder de la salvación de su Padre Celestial, sin falta o mínimo defecto, porque Él confiaba en su Padre completa y totalmente, sin reserva. Dios lo elevó sobre las alturas y en Él a todos nosotros.
La creación es nueva en Cristo Jesús, el nuevo Adán a través del cual, el Padre ha comenzado de nuevo, reconstruyendo el mundo y a nosotros, tal como fuimos pensados desde el principio.
Un mundo nuevo, una nueva creación, un nuevo cielo, una nueva tierra, una nueva humanidad, un nuevo corazón, un nuevo espíritu, un nuevo mandamiento, una nueva mujer, un nuevo hombre - todo debido a Jesús. Esta Pascua, en nuestros púlpitos y fuentes bautismales proclamamos a las generaciones futuras: “Aquí el Santo Evangelio hizo nuevos hijos e hijas de Dios, con la Palabra de salvación, el agua limpiadora, el óleo consagrado, y el Cuerpo y la Sangre del Señor. Aquí, otra vez también nacemos.”
