Los sacrificios cuaresmales nos ayudan a crecer en confianza
Published Feb 8, 2008En el pasado, en tiempo de Cuaresma, mis padres nos enseñaban a reconocer que muchas cosas que consideramos esenciales en la vida diaria -especialmente las comidas favoritas y entretenimientos- eran de hecho secundarias y que podríamos vivir sin ellas con un poco de esfuerzo. Muchas veces me quejaba por tener que cumplir con las penitencias de Cuaresma. Aunque no entendía su significado, ellas sembraron una impresión duradera en mí. Yo sabía que la Cuaresma era importante. Sabía que Dios era importante.
Una vez tuve un parroquiano que no estaba habituado a ir a Misa los domingos. Su esposa y yo de buena manera le regañábamos por su obligación de ir a Misa los domingos (y aún lo hacemos); pero él sabía que nosotros hablábamos en serio. De vez en cuando, él hace un esfuerzo especial para ir a Misa; pero inevitablemente vuelve a fallar. Una Cuaresma, sin embargo, resolvió empezar a ir a Misa cada domingo sin faltar. Él me envió este mensaje por el correo electrónico:
“Obispo Sartain, como una resolución de Cuaresma, he decidido empezar a ir a Misa cada domingo –pero el otro día mi esposa me dijo que los domingos de Cuaresma no son días de penitencia:. “¿Eso significa que no debería ir a Misa?”
Le respondí: “Buen intento, pero una obligación es una obligación.”
Por supuesto que mi amigo estaba bromeando, pero su broma nos ofrece la oportunidad de mirar el propósito de los sacrificios y resoluciones de Cuaresma. ¿Por qué ayunamos, abstenemos de comer carne y hacemos sacrificios durante Cuaresma? Hay una variedad de razones, y esta semana me gustaría enfocarme en una de ellas.
La primera y más importante razón es esta: Sólo Dios basta. Comprendí esta realidad solo gradualmente mientras yo crecía, empecé a poner atención a mi relación con Dios, y a descubrir que, literalmente, no podría sobrevivir sin Él. Aprendí que Dios no es una línea de vida para ser usada como último recurso; Él es, de hecho, todo, si las cosas están yendo bien o mal. Una razón por la cual ayunamos, abstenemos y hacemos sacrificios en Cuaresma, en otras palabras, una razón que nosotros ‘dejamos de tener algo’- es para que nosotros nos enfoquemos en lo Único que no podemos dejar de tener.
Para centrarse verdaderamente en Dios, es provechoso e incluso necesario quitarse capas de confort y exceso para llegar a lo esencial de la vida. Es fácil engañarnos con el pensamiento que necesitamos muchas cosas y olvidamos que, como Jesús dijo a Martha: “Sólo una cosa es necesaria” (Lucas 10, 42). El ayuno de Cuaresma, abstinencia y sacrificios nos recuerdan donde debemos poner nuestra atención.
“Obligación” es un concepto no siempre apreciado en nuestra cultura. Tenemos la obligación de participar en la Misa cada domingo y en días festivos de obligación; tenemos la obligación de recibir la Sagrada Comunión al menos durante el Tiempo de Pascua, y una obligación para confesar nuestros pecados graves al menos una vez al año. Estos son tres de los Preceptos de la Iglesia.
Obligación no es una palabra desactualizada. De hecho, estas obligaciones aseguran que nosotros aprovechemos las grandes bendiciones de la Iglesia –la Eucaristía y la amorosa misericordia de Dios. ¿Por qué alguien no quisiera cumplir tales ‘obligaciones’, cuando ellas nos dirigen en la dirección de lo Único que es necesario, la dirección del Único sin el cual no podríamos vivir?
Nosotros debemos a Dios el cumplimiento de las obligaciones religiosas, la respuesta agradecida de lo que Él ha hecho por nosotros. Son verdaderamente lo menos que podemos hacer.
Hay otro beneficio más sutil del sacrificio y penitencia de Cuaresma: nos ayudan a crecer en confianza. Quizás eso suene extraño. Pero cuando nosotros tomamos tan tangibles pasos para decirnos a nosotros mismos “no puedo vivir sin Dios,” vemos inequívocamente que Él provee todas nuestras necesidades y es digno de nuestra confianza. Es bueno para nosotros que expongamos el exceso que hemos venido a mirar como necesidad, porque haciéndolo se nos muestra lo Único quien es necesario. Entendemos que no ha sido el confort humano que nos ha sostenido a través de la vida, sino Dios. Sólo Dios.
Las obligaciones a las cuales nosotros como católicos estamos sujetos no son finalidad en sí mismas. El verdadero objetivo es para que la observancia de ellas se haga tan natural en nosotros que nunca se nos podría ocurrir no observarlas. Cuando las obligaciones “desaparecen’ de esa manera, nosotros empezamos a entender que aún el aire que nosotros respiramos viene de Dios.
En el siglo XVI, Santa Teresa de Ávila escribió unos versos en su libro de oraciones:
Nada te turbe,
Nada te espante,
Todo se pasa,
Dios no se muda.
La paciencia
Todo lo alcanza;
Quien a Dios tiene
Nada le falta:
Sólo Dios basta.
Gracias a Dios por la cuaresma, por la penitencia, por la abstinencia de la carne, por el ayuno, por los sacrificios, por las obligaciones. Sin ellas, podríamos asfixiarnos en el engaño que nosotros necesitamos muchas cosas. Sólo Dios basta.
