Mantenga una perspectiva espiritual
Published Jan 16, 2008Al norte de Pocahontas, Arkansas, en el área rural del condado de Randolph, hay una bella curva en el camino llamada Engelberg. Los campesinos inmigrantes, quienes llegaron allí en el siglo XVIII, al ver las colinas, imaginaron su nativa Suiza y decidieron hacer del área su hogar. La última confirmación que celebré en la diócesis de Little Rock fue en la parroquia de San Juan Bautista en Engelberg en mayo de 2006. Había sido un mes con mucha lluvia y, antes que dejara Little Rock esa mañana, el párroco me llamó para informarme que el tramo final de la ruta a Engelberg podría estar inundado. Si ese fuera el caso, yo llamaría a un parroquiano a su celular, pues, él me dirigiría a Engelberg por otro camino.
Y fue así, al voltear el camino que lleva a Engelberg, me encontré con una enorme señal naranja que anunciaba que el río Fourche había traspasado sus límites, el camino era peligroso por la salida del agua y que todos los chóferes deberían regresar. Yo llamé al número del celular. El parroquiano me respondió amablemente y con una despreocupada risita dijo: “Obispo, está bien manejar cruzando el agua, siempre y cuando usted pueda ver la línea amarilla en el medio del camino.”
“Caramba” me dije así mismo. “Estoy manejando un SUV y el parroquiano estaba seguro de lo que me dijo. Lo haré.” Pero cuanto más me acercaba a la parte inundada y descubría que no era más que una brecha, empecé a tener mis dudas. El viento soplaba fuerte y las olas golpeaban la puerta alta de mi vehículo, pero podía ver la línea amarilla. Apenas. Cuidadosamente, lentamente, nerviosamente, pude cruzar el agua. Cuando llegue a la parroquia, menos de una milla a la distancia, todos miraban mi carro y sabían exactamente lo que había hecho.
Había planeado tomar el camino más largo para llegar a Little Rock esa noche, pero el mismo parroquiano me ofreció acompañarme a cruzar la ruta inundada en su carro pick up, para cruzar a través de las aguas obscuras.
Eso me sucedió una vez más la semana pasada pero con resultados diferentes. Enterado por el canal del clima que se pronosticaba nieve, en el atardecer del año nuevo, manejaba de Joliet a Memphis para visitar a mi familia. Los primeros copos de nieve empezaron a caer, primero despacio y en un corto periodo de tiempo más fuerte. Me dije: “Estaré bien mientras tenga mucho cuidado y pueda ver la línea blanca en el camino.” Continué por espacio de 100 millas, pero la nieve fue cada vez más fuerte y profunda, el tráfico era intenso, y los carros estaban patinando a los costados de la carretera y chocaban unos con otros delante de mis ojos. La línea desapareció bajo un manto blanco y supe que era tiempo de detenerme. Afortunadamente, había un hotel cerca que tenía un cuarto disponible y un restaurante que tenía pan con carne en su menú. Descansé bien e hice el resto del viaje al día siguiente.
Todos nosotros usamos algunos puntos de referencia, y mapas de ruta para mantenernos en el camino correcto y limpio de peligro. “Mientras que usted pueda ver la línea amarilla,” “Mientras que la luz del indicador de gasolina no se encienda,” “Mientras que…” Cada uno de nosotros llena los espacios en blanco. Aunque nosotros no siempre ponemos atención a las señales, sabemos que debemos hacerlo, y sabemos instintivamente lo que sucederá si las ignoramos.
El tiempo de Navidad nos recuerda de algo que todos deberíamos mantener sobre cualquier cosa: “Mientras usted pueda mantener sus ojos en Jesús…” Los reyes magos paganos fueron atraídos por la estrella que los dirigió hacia Él. ¿Cuántas semanas les tomó viajar aquellas millas a lo largo del escabroso camino para llegar al pesebre? ¿Quién mantenía los ojos en la estrella mientras ellos dormían? Una vez que la estrella los condujo donde Dios quería que estuvieran, la estrella desapareció, igual que Juan el Bautista, porque su trabajo había terminado. Encontrando a Jesús, ellos habían encontrado la Luz, el Camino, la Guía, la Verdad, la Vida.
¿Quién de nosotros no necesita un tiempo regular de silencio y paz, un tiempo cuando dejamos los eventos y problemas y tribulaciones de la vida caer dentro de la perspectiva –su perspectiva? ¿Quién de nosotros no necesita ver su línea que nos guía en su camino, su estrella que nos ilumina en nuestra confusión, su mano gentil empujándonos? ¿Quién de nosotros no necesita orar?
Otra lección de Navidad es que mientras usualmente pensamos que hemos tomado la iniciativa para orar, mientras pensamos que hemos venido a verlo en oración, la verdad profunda es que Él es quien tomó la iniciativa de empezar una conversación de oración, es Él quien ha venido primero a vernos. No solo eso: Él está siempre atento a nuestra próxima conversación.
No es tarde para una simple resolución de Año Nuevo. Para que concientemente mantengamos nuestros ojos fijos en Jesús más seguido en la oración. Él nos cuida a nosotros y a nuestras familias y nos guía a través de aguas turbulentas y caminos con nieve con seguridad a la otra orilla.
